Horacio Ramos: «Mi literatura es raíces y compromiso»

Su misión siempre ha sido la de difundir la historia de nuestra ciudad.

En el magistral prólogo de Norberto Galasso del libro Canto al Sur, el historiador apunta con gran claridad que «en las épocas en que los pueblos se echan a andar buscando nuevos caminos, aparecen los luchadores y profetas, pero también necesariamente surgen los juglares».

Tal vez sea el mejor apelativo (juglar) que le cabe al autor de ese verdadero testimonio nacido al sur del Riachuelo, el gran intelectual militante que es Horacio Ramos.

Es que más allá de su labor como escritor -fundamentalmente poeta- y periodista, su misión siempre ha sido la de difundir la historia de nuestra ciudad, desde sus raíces.

«He aportado desde siempre, en la medida de mis posibilidades, al desarrollo de la cultura de la ciudad. He sido cofundador de teatros independientes en Avellaneda, centros culturales y periódicos. Y sobre todo, de una revista literaria como Suburbio, que edité con Antonio González, Julio Bruno y Horacio Ortiz, en 1969 y que duró hasta 1988, incluso en medio de los avatares propios de la dictadura en nuestro país», resume con orgullo Horacio Ramos, quien nació en Avellaneda cuando nuestra comarca estaba poblada «de potreros y pájaros».

Horacio vivió siempre en Avellaneda, en el mismo barrio (Crucecita) y desde 1910 su familia habita la misma casa ubicada en Alberdi y San Martín, aunque en la actualidad él y su esposa Sara residen en la calle Güemes.

En su infancia, el potrero era un elemento «dinamizador y convocante», y por entonces jugó para los clubes Esperanza (de Sarandí), en baby fútbol; y en Unión Provincial, en cancha de once.

En los comienzos de su adolescencia, su crianza transitó en lo que Ramos denomina «un templo vecinal» (sociedad de fomento), donde tuvo contacto con su primer libro y donde se subió por primera vez a un escenario, de la mano de Ramón Díaz (el actor del barrio), y padre de Roberto, el entrañable creador literario y amigo inseparable.

A los 16 años, asumió en el arte del periodismo. «Arranco en 1960, con mi incorporación a la revista Todos, que dirigía Bernardo Kordon, para mí uno de los más importantes cuentistas latinoamericanos. Bernardo me dio la oportunidad de empezar a trabajar ahí y a desarrollarme desde el punto de vista del periodismo político», recordó Horacio, sobre sus inicios, en lo que fue siempre su predilección: el periodismo de opinión.

En Todos, tuvo un entrenamiento intensivo entrevistando -sin grabadores de por medio- a personalidades de la talla de Rodolfo Puiggrós, Floreal Gorini, Carlos Humberto Perette y Augusto Timoteo Vandor, entre otros.

Por entonces Horacio ya había empezado a difundir la poesía hispanoamericana. La primera vez que recitó, eligió poemas de Nicolás Guillén. Muchos años después, cuando ya pisaba los treinta, Ramos daría a conocer su propia obra poética.

Raíces y compromiso
En los genes de Horacio Ramos se encuentra un cóctel explosivo de gallegos y calabreses. Su madre cantaba muy bien el tango y su padre era un legendario dirigente fomentista y uno de esos filósofos de barrio. La línea materna de los Grazziano tal vez haya aportado el temperamento y la pasión que corre por las venas del poeta avellanedense.

Pero como si la palabra escrita no alcanzara para transmitir la historia, Ramos ha apelado a su propia voz como vehículo de su poesía. (De ahí lo de juglar).

Es por eso que sus presentaciones son charlas – recitales en los que él va contando y cantando la historia De Barracas al Sud a Avellaneda, mezclando en los textos poemas y canciones, junto al aporte de músicos locales como Claudio Abraham, Esteban Tozzi y Juan José Otero.

El objetivo es «contar y cantar sobre el territorio que creció y se desarrolló al sur del riachuelo, que salpica la frente de la ciudad».

En la mayor parte de sus poemas (unos diez volúmenes) están las raíces de Avellaneda y Horacio las pone en evidencia en el libro Esta Ciudad que amo, cuyo poema central, que lleva el mismo nombre, y que él más quiere de entre todas sus obras, remata con nostalgia: «y aquí estamos hoy, ciudad, apuntalando sueños por tus calles, saboreándote muy hondo para llevarte corazón adentro y dejarte allí, en la soledad tempestuosa de mi sangre, despierta, ciudad, despierta y para siempre».
«La música es una forma de incorporarle alas a la poesía», añade Horacio, y no es casualidad que muchas de sus poesías se hayan transformado en canciones. Sus hijas (Alejandra y Analía) lo saben muy bien porque lo han acompañado en el grupo vocal Lo que vendrá.

Ferviente hincha de Independiente, la gente del rojo le ha entregado una plaqueta «al gran poeta» que embanderó «la pierna fuerte y templada», un verso que consta en el viejo himno del club.

En el camino, Ramos fue Gerente Histórico del Banco Credicoop. Su autor preferido es el novelista estadounidense Howard Fast, del cual tiene su colección casi completa. Lee mucha historia, y en particular Argentina y de entre sus legados más importantes se en encuentra su revista Tesis 11, que el pasado mes de octubre ha cumplido 20 años.

En la actualidad dirige el periódico Nuevos Aires, cuyo estilo «no acepta los exabruptos».

Fiel a la posición de su corazón y al hemisferio del cerebro que le permite escribir con su mano derecha, Horacio -que le insiste varias veces a este periodista que lo tutee- fue siempre frontal y transparente con sus convicciones.

«Todos saben, sin excepción, que yo soy un hombre de izquierda, que sueño otro país, que soy antidogmático y antisectario. Y soy capaz de ir a dar estas charlas al club Pueblo Unido, creado por los conservadores, y se aguantan lo que digo, cuando digo por ejemplo que Roca era un genocida».

Este hombre, que se acuerda en sus libros de su madre (la gringa) o los dedica a sus nietos, «esos cuarto locos ya no tan bajitos» (Luciana, Lautaro, Gaspar y Álvaro), se regocija con las tradicionales reuniones familiares de las mesas largas y asegura que «el mejor homenaje para hacerle al riachuelo es limpiarlo, tal como se viene reclamando desde 1811 a la Junta de Mayo».

Escritor de ensayos culturales, Horacio también ha escrito La sal de mi tierra, un memorial del pueblo y su esperanza y la biografía de Antonio Cholo García, un aguerrido dirigente del sindicato de trabajadores de Avellaneda. Desde 1994 participa activamente en la agrupación RHAJ (Revisionismo Histórico Argentino Joven), con el fin de seguir aportando al debate político de la argentina.

Como broche de oro para una trayectoria que lo ha consagrado, sobre todas las cosas, como un buen tipo, el 23 de octubre de 2009, el Honorable Concejo Deliberante lo nombró Ciudadano Ilustre de Avellaneda.

Hoy, a los 78 años, Horacio Ramos cree que sus sueños todavía son posibles y que el mundo, empezando por nuestra aldea, puede ser mejor.

«Podríamos hablar horas y no arreglaríamos el país, pero por lo menos algo aportaríamos. Se darían cuenta que estamos vivos, que tenemos sueños y utopías. Porque como dijo Anatole France: si los hombres no tuviéramos utopías aún estaríamos dibujando en el fondo de las cavernas. Por eso, mi literatura es raíces y compromiso», finalizó.

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