Fernández Larrain el “vate finisecular”

Escribe Antonio J. González

“…me atrajo entonces la personalidad de un poeta que conocí en Gente de Arte, un poeta de carne y hueso que respondía físicamente a mi modelo de vate finisecular: delgado, largos cabellos lacios, vestido de oscuro y con moñito de cintas por corbata. Se llamaba Federico Fernández Larrain”. La descripción que hizo el poeta Antonio Requeni de la figura de Federico (como gustábamos llamarlo) es lo suficientemente descriptiva para obviar otros detalles. Lo conocimos en los primeros años del ’50 en los actos y reuniones que la entidad realizaba en su vieja esquina de Belgrano y Lavalle y compartíamos las dos pasiones de esos años juveniles: la poesía y la pintura. Ambos fuimos alumnos de Carlos Sitoula y nos encontrábamos muchas veces en las salidas para pintar al aire libre que un grupo hacíamos con el maestro los sábados a la mañana por los rincones de la Isla Maciel.

Luego nuestra vena poética nos reunía en las tertulias, publicaciones y recitales que se hacían frecuentes en la institución y en otras asociaciones. Para entonces, Federico había agregado a su fisonomía unos bigotes al estilo de Dalí con sus puntas apuntando el cielo y fumaba en una pipa en forma de “S” muy singular.

En 1952 publiqué en la página literaria del diario “La Libertad” un soneto dedicado a él y unos meses después Federico me devolvió la atención con uno similar cuyo original conservo. Para entonces ambos colaborábamos en la fiesta de la primavera que se realizaba en setiembre y que en ese año se hacía en el salón del Centro Gallego. Esta fiesta contó con enormes decoraciones de Fernández Larrain con motivos e imágenes de Galicia. José Pérez Sanín, Federico y quien esto escribe éramos jóvenes entusiastas que dábamos nuestro trabajo, imaginación y creatividad en cuanta reunión se nos convocara. Y más, éramos solidarios unos con otros en las contingencias de nuestros respectivos caminos. Después Federico se incorporó a trabajar en los organismos culturales municipales, desde el Teatro Roma primero y luego con sus investigaciones históricas y su cuidado del patrimonio cultural.

Escribió entonces una serie amplia de informaciones y comentarios sobre el desarrollo urbano, social y cultural de nuestra ciudad. Su gran dominio de los instrumentos de búsqueda y la tenaz perseverancia en bibliotecas, archivos y testimonios produjeron los resultados que hoy todavía podemos apreciar y valorar en sus libros, folletos y artículos periodísticos, con el apoyo constante de este diario, más una apreciable cantidad de trabajos inéditos, que no han perdido actualidad y son materia de análisis y consulta de los interesados en la historia de la región.

Su producción poética ha sido publicada en su libro “Escudo y blasón “, junto a su hermano Rómulo, en 1950, y se ha reproducido parcialmente en este diario y otras publicaciones regionales.

En toda su obra se advierte un fuerte apego al terruño, aquel que el denomina “Riachuelo al Sud, era la pampa / con caminos abiertos a la historia / horizontes de alaridos y de lanzas / en los oscuros fortines sin memoria. / La gente era gente sin secretos / mente de sol y pechos duros / pero en el corazón estaba el sueño / y el ansia de vivir en los trabucos… Lo cierto es que fue. Y fue mi pueblo / un montón de ranchos que jugaba / en la alta noche con el miedo / y con la muerte y la sal en la mañana”. Aún sus estampas, dibujos y bocetos transfiguran su imagen en cualquier sala o pared de nuestra ciudad.

Así era y es este “vate finisecular”, que fue también escenógrafo, dibujante, maquetista y periodista, además de bibliotecario del Club Pueblo Unido y redactor adjunto de la Comisión de Estudios Históricos local, un entrañable personaje que espera el gran reconocimiento público en nuestra ciudad. Hay un Museo Histórico que lleva su nombre, como también se lo recuerda en el patio de nuestro diario, pero la trascendencia de su obra puede más y necesita un mayor homenaje ahora, luego de cumplirse veinte años de su fallecimiento. Tal vez sea oportuna una recopilación de todos sus escritos, los éditos y los inéditos, en uno o dos volúmenes que pueden representar la más completa imagen de un trabajador en las raíces de un pueblo. Tal vez logremos que un espacio público céntrico lo recuerde. Tal vez esperamos demasiado… o no, siempre estamos a tiempo para este tipo de resurgimiento.

ajgpaloma@hotmail.com

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