
La ciudad de Troya ha sido vencida por los griegos, todos sus hombres han muerto, en las playas solo quedan mujeres que, junto a su reina Hécuba, esperan ser llevadas a sus destinos como esclavas.
Conocida desde siempre como un llamado en contra de la guerra, el odio y la destrucción humana, esta pieza será representada por 22 actores y actrices del elenco popular universitario, dirigidos en una versión libre, por Mabel Decoud.
Viernes 1, 8, 15, 22 y 29 de septiembre, a las 20 horas en la Sala Héroes y Heroínas de Malvinas de la sede España de la Universidad de Avellaneda -España 350-, Secretaría de Cultura y Producciones Audiovisuales.
¿Por qué Las Troyanas?
Esta obra del teatro clásico griego, modernizada por Jean Paul Sartre en la década de los´70s del siglo XX, ha sido desde siempre el vehículo para elevar un clamor contra la guerra, el odio y la insensata destrucción entre los seres humanos.
Según el mito homérico, Helena fue raptada por el príncipe troyano Paris. Para rescatarla, su esposo el rey de Creta, Menelao, le solicita ayuda a su hermano Agamenón y juntos convocan a todo el ejército griego para rescatarla. Después de sitiar a la ciudad amurallada, en la que reinan Príamo y su esposa Hécuba, durante 10 años y de innumerables luchas y muertes de héroes de uno y otro bando en las playas troyanas, Ulises (Odiseo) crea un ardid: Retirar los ejércitos y naves haciendo creer que se han rendido y dejar un gran caballo de madera como homenaje a los vencedores. Escondidos dentro de él, una decena de soldados esperará que la ciudad fortaleza duerma para abrir las puertas y permitir que los griegos invadan y maten a todos los hombres. Así lo hicieron y destruyeron Troya.
La cultura arcaica griega, insular sobre todo, poseía dos valores supremos: El Honor de vencer o morir en batalla y la Hospitalidad (La obligación de recibir y dar sustento y cobijo a cada navegante que recalara en las costas, imprescindible para la sobrevivencia en esas islas tan inhóspitas perdidas en el Egeo). Paris infringió la segunda, traicionando a Menelao, y Ulises la primera. Su trampa, aunque eficiente, no merecía respeto. Por eso, como se narra en La Odisea, le llevará otros diez años poder regresar a su Itaca.
Entre las decisiones caprichosas e interesadas de sus dioses y las pasiones y sinrazones humanas, se debaten las vidas de las mujeres troyanas que quedan como despojos del odio y de la guerra.
