Arnold Comotti, desde Avellaneda

Escribe Antonio J. González

 

El comienzo de su carrera artística fue en Avellaneda, su segundo espacio -el de la familia materna, francesa y portuguesa-, con el que alternó los años de aprendizaje y búsquedas. En 1949 debuta como actor en el elenco de Gente de Arte en “Así que pasen cinco años” de García Lorca bajo la dirección de Juan C. Bernal. Sigue de 1950 a 1952 en otras obras clásicas, hasta que en 1950 ingresa a la Escuela de Arte Dramático municipal, dirigida por Alberto D’Aversa.

 

 

Va creciendo su protagonismo teatral y en 1953 integra el Teatro de Arte donde tiene a su cargo la dirección de “El que recibe las bofetadas” de Andreiev. En ese mismo año se incorpora al Teatro Independiente La Máscara, dirigida por Ricardo Passano, donde participa durante dos años en trabajos de realización escenográfica, utilería y maquinista en el montaje de obras de Ibsen, Chéjov, Cuzzani y otros. En 1956/57 termina su formación con un seminario de dirección teatral con Oscar Ferrigno, en el teatro independiente Fray Mocho. Entre 1957/60 integra Telón Teatro Independiente como actor y director.

 

 

Creativo, fundador de elencos y teatros, fiel a su espíritu combativo y transformador. Un verdadero gestor teatral que recala, con su energía y creatividad, en la ciudad de Mendoza donde En esa ciudad creó salas y elencos, actuó, dirigió y dejó un sello particular, el de la pelea, el que había aprendido en el teatro independiente porteño y del que no pudo despegarse nunca. Entre otros elencos creó Gente de Teatro, Teatro de Cuyo, Teatro Municipal de Mendoza y el taller de Producción Municipal, con el había montado “El viajero remoto”, del periodista mendocino, residente en Buenos Aires, Nerio Tello.

 

 

En el año 2009 fallece y el diario La Nación dice de él: “Cristóbal Arnold perteneció a esa raza de actores para quienes por sobre todas las cosas importaba la defensa del teatro nacional. Conocía muy bien el país: en los años 70 lo había recorrido en diversas giras y desde entonces había recogido una bandera que lo llevaba a buscar un teatro que, por sobre todas las cosas, tuviera una impronta social”. “En los últimos años defendía mucho a las jóvenes generaciones de creadores, -dice la crónica – entre los que se encuentra su hijo Juan Cristóbal Comotti, uno de los directores de mayor producción en Mendoza”. “Sus restos fueron velados en el escenario del Teatro Quintanilla, un espacio municipal ubicado en el centro de la plaza Independencia, que fue creado por el mismo Arnold. Con su desaparición, la escena argentina pierde a uno de los mayores baluartes del teatro de provincia.”

 

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