En ocasión del 40º aniversario de su ordenación sacerdotal, el obispo de Avellaneda Lanús, testimoniaba: “La vida de un sacerdote es excelente; mi familia siempre me acompañó y sentí gozo y felicidad. La vida de obispo es de mayor responsabilidad, mayores complejidades como administrar, gobernar, conducir, guiar, formar; es una tarea ardua pero Dios siempre da la gracia y es extraordinario. Estoy agradecido de la vocación que Dios me dio, agradecido de la vida, agradecido de mi familia. Dios ha sido muy misericordioso y de mucha ternura conmigo.”
