Luca Prodán: tumba única y original

Escribe Antonio J. González

Luego de 25 años de la muerte del Luca Prodán, el músico italo-anglo-argentino descansa en paz en el Cementerio local. Sobre el lugar definitivo se levanta una roca de una tonelada de peso traída desde la zona cordobesa de Traslatierra, el lugar que el líder de Sumo solía visitar cuando estaba en esa provincia. Esta presencia pétrea y casi esférica le rinde simbólico homenaje al calvo ex líder de Sumo.

Recordemos que después de varias idas y vueltas, de amenazas de fosa común y restos con destino de osario, hoy ha encontrado algo de reposo en nuestro cementerio.

Aquel incidente que no permitió hacerlo en las necrópolis de la Capital Federal donde el músico residía al fin se resolvió con la gestión realizada por Angel Lorda y Ramón Alegre, director y vicedirector del cementerio, ante la Intendencia de Avellaneda que cedió un sector para enterrar el cuerpo del músico.

En algún momento, ese destino en el cementerio de Avellaneda estuvo en peligro. El lugar se ha convertido en una de las tumbas más visitadas, durante muchos años se generaron algunos inconvenientes a la hora de renovar el permiso de permanencia.
Desde su muerte, no cesaron las visitas de sus fans al cementerio. Pero hay dos fechas en las que unas decenas de personas, por lo menos, concurren al lugar: el 17 de mayo, para su cumpleaños, y el 22 de diciembre, por la fecha de su muerte.

Remeras, flores, dibujos y botellas de ginebra son los tributos mínimos, inmediatos, que se dejan en su tumba. Y las pintadas: los carteles con la leyenda Luca “not dead” (no ha muerto), los “Aguante Luca”, los “Sumo”, abundan en el sector de esa tumba original y única.

El paso del tiempo no aplacó el fervor evocativo, hasta doloroso, para que la devoción se desvanezca. Por el contrario, el espacio del cementerio de Avellaneda que ocupa Luca parece más vivo que nunca. «Son muchos los que siguen viniendo a la tumba. Se quedan ahí, mirándola. A veces son dos o tres. Otros días más de una docena. Dejan algunas cositas, se miran entre ellos», aseguran los empleados municipales del cementerio.

Luca había nacido en Italia y estudiado en Inglaterra, llegó a la Argentina huyendo de su adicción a la heroína. Acá fundó Sumo, le dio una necesaria vuelta de tuerca al rock nacional y le cantó al Abasto con los ojos porteños que los apurados argentinos no supieron mirar. «Antes de Sumo, al rock argentino le faltaba locura. Se creyeron eso de `el disco es cultura’. Mucho cerebro y nada de rock», dijo en un reportaje. Y tenía razón.

ajgpaloma@gmail.com

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